Afrontar el abuso de poder

Titulares recientes han revelado que las comunidades espirituales, incluidas las budistas, son particularmente vulnerables al abuso sexual por parte de figuras de autoridad masculinas.

Lion’s Roar
28 June 2023

El abuso puede adoptar diferentes formas: financiero, psicológico, físico, sexual… Titulares recientes han revelado que las comunidades espirituales, incluidas las budistas, son especialmente vulnerables a los abusos sexuales por parte de figuras de autoridad masculinas. Al mismo tiempo, en toda Norteamérica, las víctimas del abuso sexual y de la traición institucional están alzando la voz con energía renovada, y sus palabras y experiencias resuenan en los medios de comunicación instantáneos para llegar a millones de personas. Cada vez son más quienes denuncian opresiones habituales, exorcizan la auto-culpa e inspiran a otros para que despierten y digan: “¡Basta ya! Merezco decencia y respeto”. Como nunca se había visto, las instituciones como las universidades, las fuerzas militares, los lugares de trabajo y las organizaciones espirituales se están apresurando a salir de patrones de negación. Como lo es típico de sus nuevos mensajes, la Casa Blanca lanzó recientemente una campaña que establece una nueva normalidad para la responsabilidad colectiva, haciendo que nos resulte incómodo quedarnos de brazos cruzados mientras amigos y compañeros abusan. Estamos desterrando siglos de mitos que normalizaban los abusos o que, en el mejor de los casos, los trataban como un problema irresoluble. Las comunidades ahora se preguntan realmente qué podemos hacer de forma diferente.

El conocimiento mundano ordinario es valioso aquí. Existen investigaciones que demuestran que cuando se superan el secretismo, la minimización y las racionalizaciones sobre el abuso, comienzan la superación y la seguridad. Se ha avanzado mucho en el reconocimiento de las causas y condiciones culturales que dan lugar a los abusos de poder y contra las personas, especialmente los basados en el género, la etnia, la clase, la orientación sexual y la discapacidad. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, señala que la exaltación de una masculinidad violenta y dominante, la subordinación femenina y el racismo son una potente receta para el abuso. Examinar qué grupos están incluidos y cuáles excluidos en la enseñanza, la gobernanza y la riqueza también puede indicarnos dónde cabe esperar desafíos. ¿Estamos dispuestos a buscar en nuestras comunidades budistas este tipo de pautas y desequilibrios habituales bien conocidos y a eliminarlos?

Una nueva forma de proseguir también requerirá de nuestra audacia. Si realmente pensamos en nuestro futuro, las sanghas no deben de ser sólo colecciones de meditadores individuales, sino también comunidades sanas que promuevan la inclusión y proporcionen un buen terreno para que florezca el Dharma. No podemos darnos el lujo de ignorar el valor de todas nuestras relaciones. Se dice que el Dharma y los vínculos de las comunidades dhármicas sólo pueden destruirse desde adentro. El abuso, por lo tanto, no es sólo un “incidente” personal; es también una gran amenaza para la continuidad de las tradiciones de sabiduría. Las comunidades deben de encontrar la confianza para actuar, cambiando hacia un mayor respeto y empoderamiento de las mujeres, las minorías, los jóvenes y otras personas que, con frecuencia, son suceptibles a los abusos. En una comunidad que escucha y confía en estas voces, los posibles agresores no pueden actuar.

¿Cómo se sentiría estar en este tipo de comunidad? ¿Qué sucedería de forma diferente si alguien fuera abusivo? ¿Cuánto más potencial aprovecharían sus hijos? —Pam Rubin

 

Buddhadharma: Cada uno de ustedes está familiarizado con las comunidades que han sido sacudidas por la mala conducta de los maestros. Ese periodo inicial en el que se revela el abuso de poder, ¿cómo se siente, tanto personalmente como dentro de la comunidad?

Shinge Chayat: Para ponerlo en una sola palabra, traumático. Es darse cuenta de que una persona en la que confiabas y a la que admirabas te ha decepcionado y ha puesto todo en tela de juicio. Si un maestro deja de ser digno de confianza, todo queda en entredicho. Tendemos a elevar a los maestros a una altura noble y nos negamos a ver sus defectos humanos hasta que se han manifestado de formas muy complejas y peligrosas. Por eso, aunque nos parezca terrible, desilusionarnos puede ayudarnos a romper el engaño y aportar claridad a lo que sucede. Desgraciadamente, a menudo lo que ocurre se mantiene en secreto; los practicantes pueden sentir o intuir que algo acontece dentro de su comunidad, pero la cultura desalienta el cuestionarlo. Así que cuando finalmente se revela la mala conducta, genera un impacto enorme.

Buddhadharma: David, tú formabas parte de la comunidad de Shambhala cuando salieron a la luz las acusaciones de que Osel Tendzin había infectado, a sabiendas, a alguien con el VIH. ¿Cuál fue tu experiencia en la comunidad en ese momento?

David Whitehorn: Fue un evento impactante. Sentí como si, de repente, el mundo entero hubiera cambiado. Surgieron muchas emociones fuertes: rabia, tristeza, decepción… Y mucha gente opinaba sobre lo que había ocurrido y por qué. Durante ese periodo en el que todos nos sentíamos extremadamente expuestos y vulnerables, nos beneficiamos enormemente de los tranquilos consejos de algunos maestros ajenos a nuestra comunidad que habían estado trabajando con nosotros. Se ganaron el respeto de todos los miembros de la comunidad y fueron de gran ayuda a la hora de superar las divisiones existentes en el grupo sobre lo que había ocurrido y ayudarnos a seguir adelante.

Buddhadharma: Lama Palden, ¿cuál ha sido su experiencia en las comunidades cuando se lidia con la mala conducta o los abusos?

Lama Palden: En algunos de los centros de Kalu Rinpoche en Francia, había lamas que habían tenido un comportamiento poco ético y tuvieron que ser destituidos. También he actuado como mediador en centros de Dharma aquí, donde la conducta poco ética implicaba a maestros occidentales.

Como ya lo han mencionado, siempre hay mucha conmoción y decepción en estas situaciones. También hay mucho dolor y un sentimiento de traición. Una de las mayores preocupaciones es que muchas de las personas más perjudicadas son las que ya han sufrido abusos en su infancia. En lugar de que el Dharma sea un lugar donde puedan sanar y encontrar seguridad, se convierte en otro lugar de perpetración y daño.

He estado presente durante algunas mediaciones en las que había mucho dolor. Y es que realmente debemos reconocer el nivel de dolor que la actividad poco ética provoca en las personas. Es inimaginable. Y he visto a cientos de mujeres alejarse del Dharma. Cuando el abuso se produce al principio de la carrera dhármica de una persona, ésta aún no ha desarrollado las habilidades que podrían ayudarla a permanecer.

Buddhadharma: También debemos señalar que el joven Kalu Rinpoche publicó un video en YouTube hace un par de años en el que hablaba de su propia experiencia de haber sufrido abusos en el monasterio cuando era niño.

Lama Palden: Sí, ha sacado el tema a la luz para las comunidades tibetana y vajrayana, porque por supuesto, ocurre en todos los monasterios. Algunos de mis amigos británicos me han dicho que es muy parecido al sistema británico de escuelas públicas: es algo que siempre ha ocurrido y que todo el mundo sabe, pero del que nadie habla. Creo que fue muy valiente por parte de Rinpoche sacar a la luz la mala conducta. Busca trabajar desde adentro del sistema para generar un cambio.

Buddhadharma: Alan, ¿cuáles son algunas de tus experiencias y observaciones sobre el problema del abuso de poder?

Alan Senauke: Poco después de empezar a trabajar en la Buddhist Peace Fellowship, en 1991, la organización fue mencionada como recurso en la contraportada del libro de Peter Rutter, Sex in the Forbidden Zone. Cuando salió el libro, de repente empezaron a llamarnos mujeres que habían sido víctimas de los maestros y luego excluidas por sus comunidades.

Me he dado cuenta de que las personas que sufren no sólo se encierran en sí mismas y construyen un quiste o cápsula a su alrededor para protegerse, sino que también se vuelven las unas contra las otras. No es sólo que la gente tenga opiniones diferentes sobre lo que ocurre y lo que debería hacerse. A menudo, el maestro ha sido la energía vinculante de una comunidad, y cuando ésta se elimina o se rompe, los practicantes no pueden encontrar cercanía o apoyo mutuo dentro del grupo. Así que puede ser una situación volátil y frágil. Es muy destructiva y puede propagarse cual pólvora por la comunidad. Una vez que el fuego empieza a arder, es difícil de controlar.

Buddhadharma: Shinge, viendo en retrospectiva el conflicto que surgió en tu comunidad, la Sociedad de Estudios Zen, ¿cuáles fueron algunas de las condiciones que dieron lugar a la falta ética y cómo se gestionó?

Shinge Chayat: La respuesta implica muchas cosas, pero podría resumirlas en una palabra: secretismo. Cuando los secretos se mantienen muy ocultos, bien guardados, la gente se convierte en cómplice sin darse cuenta. Nadie sabe a ciencia cierta lo que está pasando, y a nadie se le permite cuestionar las cosas, especialmente en una estructura patriarcal asiática que desalienta la transparencia. Un comportamiento poco ético que puede ser aceptado en otra cultura —no necesariamente aprobado, sino tácitamente ignorado— no se verá como correcto en la nuestra. Nuestro marco de psicología occidental nos predispone más a mirar los problemas directamente y a no permitir los mismos patrones de siempre. Queremos ver qué está pasando realmente, y cuando ese espíritu investigador choca con una vieja guardia que dice que no hay que cuestionar la autoridad, se puede crear aún más división. Ha sido un gran problema para nosotros en la Sociedad de Estudios Zen. Hemos tenido que aprender a cuestionar la autoridad, y hemos tenido que ver todos los aspectos, tanto culturales como personales, que llevaron a la estructura de una sociedad secreta y a la elevación de un ser humano a la categoría de dios, lo cual creó una situación en la que nadie tenía la confianza para hacer preguntas.

Buddhadharma: Lama Palden, ¿cuál es su opinión al respecto? Conoce la estructura del mundo budista tibetano, donde los rinpoches gozan de gran estima.

Lama Palden: Cuando llegué por primera vez al Dharma, me quedé con Kalu Rinpoche y el Decimosexto Karmapa. Al principio de la conversación informal, el Decimosexto Karmapa mencionó algunas preocupaciones sobre varios lamas y tulkus, diciendo que tenía problemas con alguno y con otro. Kalu Rinpoche también había expresado su preocupación. Así que supe que había problemas de mala conducta y que no todo era completamente honrado.

Creo que es importante analizar qué lleva a que sucedan estas cosas en primer lugar. Una de las causas es el aislamiento emocional. Pueden venir de lejos, pero incluso si no proceden de una cultura diferente, existe la tendencia a que los maestros espirituales se aíslen; no tienen amigos ni colegas con quienes compartir sus problemas y dificultades. Otro tema es que a veces los maestros creen que no pueden pedir ayuda o que se supone que no la necesitan. Y, por supuesto, en el modelo asiático no se disponía de esos recursos, aunque quizá podrían haber acudido a sus propios maestros y, en algunos casos, puede que lo hayan hecho. Pero, en su mayor parte, los maestros no satisfacen sus propias necesidades psicológicas.

Como maestros, tenemos que ser muy conscientes de cuáles son nuestras propias necesidades emocionales y psicológicas, e intentar satisfacerlas de forma saludable en lugar de fingir que no existen. Y necesitamos de nuestra comunidad. Pertenezco a un grupo de maestros budistas de la zona de la bahía que lleva más de veinte años reuniéndose para hablar abierta y francamente sobre cualquier tema que nos surja.

David Whitehorn: Creo que la cuestión de cómo se presenta la relación alumno-maestro desempeña un papel importante en las cuestiones de mala conducta. La vieja admonición de Buda es: “No tan sólo creas lo que te digo; comprueba si realmente tiene sentido para ti”. En la medida en que eso forme parte de la cultura de una comunidad, puede ser muy útil para validar la responsabilidad que los estudiantes tienen en su propio camino y despertar. Por otra parte, la práctica budista socava las formas convencionales y conceptuales de abordar el mundo y la moral, lo cual puede resultar confuso, especialmente para quienes se encuentran por primera vez en el camino. Y otras personas podrían aprovecharse de ello. Una frase clásica utilizada por algunos de los practicantes más antiguos para ligar a los nuevos estudiantes es “Oh, cariño, esto es budismo avanzado. Si quieres saber de qué se trata esto del tantra, vamos a mi casa”.

Alan Senauke: Mi experiencia ha sido muy diferente. En el Centro Zen Berkeley, desde muy al principio se nos comunicaron los preceptos tanto de forma relativa como absoluta, por lo que nunca se dejó de lado la moral convencional. Pero creo que el elemento más importante —y esto es algo que realmente me preocupa— es el grado en que la práctica se centra en un único llamado “ser iluminado” en lugar de en una relación de responsabilidad mutua entre maestro y alumno. El secretismo surge de un engaño sobre el poder y la autoridad. Cuanto más sostiene la sangha la práctica de los preceptos, más protegidas están las personas. Ciertamente existe un modelo patriarcal en Asia, y aquí tendemos a idealizarlo. Pero trasladar ese modelo a nuestros términos culturales sin una verdadera adaptación es un gran error. En Occidente, tenemos una dimensión ética compartida que no debe descartarse al entrar en la práctica, sino que debe de armonizarse con ella. Creo que el antídoto contra la mala conducta ha sido la formación ética. No hablo de directrices y procedimientos, sino de estudiar realmente los preceptos desde el principio.

Buddhadharma: ¿Qué más puede ayudar a cambiar el curso de las faltas éticas? David, sabiendo lo que sabes ahora, ¿hay algo que la comunidad Shambhala podría haber hecho de otra manera cuando Osel Tendzin dirigía la organización?

David Whitehorn: Es difícil saberlo, dado que los tiempos eran muy diferentes, y la fase de desarrollo en la comunidad y en la práctica individual de las personas era muy distinta. Sin duda, una mayor transparencia es fundamental, al igual que el establecer la ética desde el principio.

Buddhadharma: Shinge, ¿crees que se podría haber hecho algo mientras Eido Roshi seguía al frente de la comunidad que podría haber cambiado todo el curso de los acontecimientos?

Shinge Chayat: No había nada que pudiéramos hacer mientras él tuviera todo el poder. Ya se había intentado varias veces. En los años setenta, muchos de nosotros nos fuimos porque no había forma de conseguir cambio alguno. Cuando volví en los noventa, parecía que los cambios habían sido a mejor. Pero, en realidad, él todavía sostenía todo el poder. Cuando todo el poder de una comunidad está en manos de una sola persona y esa persona recibe el apoyo incondicional de los demás, incluidos los miembros de la junta directiva y los alumnos de mayor antigüedad, no hay forma de decir: “¡Oigan! Esto está mal. Tenemos que cambiar las cosas aquí.” Simplemente no puede suceder. Las juntas anteriores habían hecho todo lo posible.

En 2010, cuando salió a la luz la revelación de una nueva relación, una de las primeras cosas que hicimos fue solicitar a Eido Roshi que dimitiera como miembro de la junta. Era el jefe de la junta además de ser el abad. Con las dimensiones secular y espiritual en manos de la misma persona, no existía el equilibrio del poder. La junta básicamente aprobó todo lo que dijo Eido Roshi. Así que lo primero que tuvimos que hacer fue solicitarle que presentara una carta de dimisión. Eso ocurrió muy rápido, durante las tres semanas siguientes a la revelación del amorío. Luego trabajamos con el Faith Trust Institute y les pedimos que nos ayudaran a superar las siguientes etapas, las cuales incluían no sólo abordar los problemas acumulados durante décadas, sino también estudiar cómo evitar problemas como ése en el futuro.

Buddhadharma: Todos ustedes han hablado de la conmoción que experimenta la gente cuando se revela que su maestro de confianza ha estado implicado en faltas éticas o abusos. Una vez pasado el impacto, ¿cómo puede una comunidad empezar a reconstruirse?

Alan Senauke: Lo primero por hacer es realmente escuchar. Escuchar a todo el mundo —a todas las partes— y crear foros abiertos, combinando a personas de dentro y fuera de la comunidad que puedan ofrecer ecuanimidad y presencia para escuchar a todos, incluidos los que han sido acusados de traspasar los límites. Después, tiene que haber un proceso de discernimiento. En el vinaya, existen remedios prescritos para diferentes infracciones de los preceptos antes de que un monje o monja pueda volver a sentarse en el círculo completo. Tienen que confesar y arrepentirse, ya sea ante sus pares o ante sus mayores. Podemos trasladarlo a nuestra experiencia actual de distintas maneras, pero hay que hablar y escuchar mucho.

Además, la sangha tiene que aceptar, dolorosamente, que algunas personas no podrán superarlo. Incluso con las mejores intenciones, algunas personas se sentirán heridas y se marcharán. Algunos no querrán superarlo, y eso incluye a víctimas y agresores. Y cuando es así, no hay nada que puedas hacer, pero como líder, sigues teniendo la responsabilidad de hacer todo lo posible. Debemos de tener la estabilidad necesaria para poder soportar todo eso.

Shinge Chayat: El proceso de superación, de recuperación de la confianza tras décadas en las que se abusó del poder y se perdió la confianza, es muy largo. Las personas pueden tardar años en sentir que por fin han llegado a un punto en el que lo han superado. Puede que la situación inmediata esté resuelta, pero hay que trabajar constantemente en el proceso. No basta con una reunión de la sangha o algún tipo de orientación por parte de profesionales en la materia y luego decir: “Bien, ¡ya quedó resuelto!”.

El Faith Trust Institute hizo cinco recomendaciones, las cuales seguimos: Eido Roshi tenía que poner fin a su cargo como abad; tenía que presentar una disculpa pública completa reconociendo su mala conducta y lamentando el daño causado; los alumnos que quisieran seguir estudiando con él tenían que hacerlo por su cuenta, y no bajo los auspicios de la Sociedad de Estudios Zen; teníamos que llevar a cabo una auditoría financiera formal; y debíamos de consultar con colegas que hubieran pasado por problemas de mala conducta similares.

Después de que ocurrieran esas cosas, empezamos a trabajar con un maravilloso grupo de profesionales llamado An Olive Branch. Ellos dirigieron una sesión de mediación con Eido Roshi y la junta directiva. También celebramos varias reuniones de la sangha en las que estuvo presente An Olive Branch y tuvimos un fin de semana comunitario, que fue probablemente lo más importante que hicimos. Invitamos a todos a venir y pasar todo el fin de semana en un debate moderado muy difícil, pero importante. Hubo muchas emociones y salieron a la luz varios incidentes de los que no habíamos sido conscientes. Creamos una línea de tiempo que ocupaba toda una pared. La gente se acercó y escribió comentarios, hizo más preguntas y compartió lo que sabía. Todo salió a la luz, lo cual fue realmente clave: pasamos de una organización plagada de secretismo y autoritarismo a otra transparente y apegada a las directrices éticas. Dedicamos dos años enteros, junto con An Olive Branch, a trabajar en el desarrollo de buenas prácticas para una junta directiva que pudiera representar a la sangha y ayudar a garantizar que tales transgresiones no volvieran a ocurrir.

Como resultado de este proceso, siento que los miembros de la sangha ahora hablan con claridad y consideración ética hacia los demás y que hemos vuelto a cumplir nuestra tarea, que es vivir nuestro voto del bodhisattva, manifestando nuestra visión.

David Whitehorn: En nuestra situación, a principios de los noventa, no sólo nos estábamos recuperando del trauma de descubrir que un líder de confianza nos había defraudado, sino que también llorábamos la pérdida de nuestro maestro fundador, que era un gran mahasiddha. Afortunadamente, Trungpa Rinpoche había entrenado a dos personas, y la otra era su hijo, Sakyong Mipham, quien durante unos cinco años después de aquel suceso traumático se limitó a escuchar. Viajó y escuchó a todo el mundo y, poco a poco, empezó a reconstruir la comunidad. La escucha profunda al principio fue esencial.

Lama Palden: El joven Kalu Rinpoche me contó una historia similar, que cuando asumió la responsabilidad de los centros de todo el mundo a la edad de dieciocho años, tuvo que intervenir para abordar cuestiones de abuso. En uno de los centros, les pidió a todas las mujeres que se acercaran a hablar con él, una por una. Tomó dos días escucharlas a todas. Me dijo que lloró durante todo el proceso. Era importante que se escuchara a las mujeres. Y después, por supuesto, tomó medidas para hacer frente a los problemas; pero reconocer el nivel de dolor y disgusto es un primer paso crucial.

La compasión y la bondad amorosa tienen que enfatizarse y trabajarse mucho más en nuestras comunidades espirituales, tanto en la forma en que los maestros practican y se desarrollan, como en la manera en que guían a los estudiantes. Creo que es un fallo de compasión cuando se utiliza a la gente para la satisfacción de otras personas.

También quiero reiterar lo que decía Shinge sobre las juntas. Somos americanos hablando de centros budistas en América. Aquí hay leyes sin ánimo de lucro que rigen las organizaciones religiosas, y las juntas son una parte clave de la rendición de cuentas. Las leyes existen para proteger al público; como personas religiosas o espirituales, no deberíamos intentar eludirlas sólo para que la junta pueda aprobar al maestro sin mayor consideración.

Budadharma: Cuando se produce una mala conducta, los dirigentes suelen intentar ver si es posible la mediación. Pero, ¿hasta qué punto es realista trazar nuevos límites en torno a un maestro que ha cometido abusos de poder en múltiples ocasiones? Para que la gente se sienta segura y protegida en su sangha, ¿en qué momento consideran que es necesario dejar de lado la conversación y recurrir a medidas más estrictas, quizá con la participación del sistema judicial?

Alan Senauke: En el libro de Scott Edelstein, Sex and the Spiritual Teacher, se distingue entre el delirio común y corriente, por así decirlo, y la patología. Hay una diferencia, y no todos somos capaces de hacer ese discernimiento; la evaluación cualificada y profesional es esencial para valorar la situación. Si un maestro traspasa un límite por soledad o aislamiento y es posible devolver a esa persona a la cercanía con los demás, excelente. Pero si hay un patrón de patología o depredación, olvídalo. Acabarás con la sangha intentando controlar a alguien así. Yo he sabido de sanghas que han terminado por despedir a su maestro y vender su centro porque el patrón continuaba una y otra vez, y se hizo evidente que la resolución no era posible. En esos casos, era mucho más que una cuestión de recordar a alguien sus votos o los preceptos.

Lama Palden: Hay que educar mucho más sobre la naturaleza de las relaciones entre alumnos y maestros, que la sexualidad es algo a lo que el alumno tiene pleno y completo derecho a no compartir con un maestro. Esto lleva a una cuestión mucho más amplia sobre cómo se estructuran los centros en términos de autoridad, cómo esa autoridad entra en las relaciones maestro–alumno y cómo se educa a la gente sobre dichas estructuras. Estas relaciones deben de basarse en acuerdos mutuos conscientes.

Pero también debemos tener compasión por los maestros; hay que darles la oportunidad de rehabilitarse, sanar y trabajar en sí mismos. A veces, con terapia y absteniéndose de enseñar durante uno o dos años, pueden volver a su papel de maestros, pero otras veces los problemas son demasiado profundos. En Francia, en nuestro linaje, hubo que destituir a cuatro lamas que dirigían el centro desde hacía treinta años.

Al conocer a muchos amigos, tanto maestros como alumnos, relacionados con el Centro Zen de San Francisco, soy consciente de que más de treinta años después de los acontecimientos que rodearon a Richard Baker y su partida, la gente todavía está en trabajo de superación. Es un proceso largo.

David Whitehorn: Sí, son cuestiones a muy largo plazo, quizá para toda la vida o más allá. Shambhala tiene doscientos centros en todo el mundo y periódicamente celebramos reuniones de representantes de todos los centros. En una de ellas, debíamos debatir doce temas principales que los dirigentes habían determinado que eran de interés para la sangha en general. Pero, de repente, un montón de gente saltó y dijo: “Un momento. Queremos hablar de lo que pasó con el Regente, Osel Tendzin, hace quince años”. Así que formamos un nuevo grupo para discutirlo. Fue maravilloso recibir esa respuesta tan espontánea y genuina.

Nuestra sangha se dividió hace años cuando Osel Tendzin se fue, y se creó una organización separada. Y sigue habiendo dudas sobre hasta qué punto debe reconocerse la contribución del Regente al desarrollo de Shambhala.

Shinge Chayat: Ese es un gran dilema, ¿no? El reconocer el bien que alguien ha hecho y, al mismo tiempo, deplorar el daño que ha causado a muchas personas.

David Whitehorn: El proceso de intentar determinar hasta qué punto alguien que ha sido culpable de una mala conducta puede convertirse en un miembro activo de la comunidad no es cosa fácil. ¿Está la persona en una posición de autoridad que realmente no puede manejar? Se les puede destituir de ese puesto al menos temporalmente, pero después de trabajar con ellos, la cuestión es si pueden volver o no. ¿Sería algo correcto? Nunca se está realmente seguro; hay mucha incertidumbre. La compasión es muy importante, en el sentido de ver lo que la persona puede hacer realmente y quién es en realidad. No es compasivo ponerles en una situación que no pueden manejar.

Buddhadharma: Dado que la superación de los acontecimientos traumáticos es un proceso a largo plazo, quizá nunca podamos hablar de ellos como si hubieran quedado completamente en el pasado. Pero en el tiempo transcurrido, ¿cómo han afectado estos acontecimientos y sus secuelas a la cultura de sus comunidades? ¿Ha cambiado la dinámica interna?

Shinge Chayat: Al principio, los acontecimientos nos afectaron negativamente. Nos atacaron por todos lados; personas realmente preocupadas por las mujeres perjudicadas consideraron que no actuábamos con suficiente rapidez para arreglar las cosas. Fuimos cautelosos en la medida de lo necesario. Lleva tiempo hacer algo desde un enfoque de acción correcta; no se puede reaccionar de forma instintiva. Pero algunas personas estaban tan indignadas que se fueron, y seguramente ya nunca volverán. Varios miembros de la sangha decidieron seguir a Eido Roshi. Consideraban que su grandeza como maestro superaba sus defectos. Creían que lo que podía ofrecerles como maestro superaba con creces lo que cualquier otra persona podía darles, así que quisieron quedarse con él. Al principio, esa división nos dejó sin personal suficiente en el monasterio y también en el templo de Nueva York. Egyoku Roshi, del Centro Zen de Los Ángeles, quien ha sido una tremenda fuente de consejo y apoyo, dijo: “Los que necesiten irse, que se vayan; no se preocupen. Llegarán nuevas personas.” Y efectivamente, ahora, después de tres años y medio, tenemos una comunidad muy unida. Cada vez más gente siente la fe en lo que hacemos y se siente atraída por el vigor de la práctica. Ha sido una situación agotadora, pero ahora hay una gran sensación de optimismo.

Buddhadharma: ¿Es la estructura de su sangha menos jerárquica ahora que Eido Roshi se ha marchado?

Shinge Chayat: Mi estilo de liderazgo es muy diferente al de Eido Roshi, al igual que el suyo era muy diferente al de su maestro, Soen Nakagawa Roshi. El sentimiento sobre el papel de un maestro cambia en función de esas diferentes formas de ser. Mi estilo es mucho más relacional. Me comunico con la gente; no tomo decisiones de forma autónoma. La gente siente que adquiere un sentido de la responsabilidad, que contribuye a la toma de decisiones.

¿Buddhadharma: Lama Palden, ¿qué puede decirnos sobre cómo estas grandes alteraciones cambian una comunidad a largo plazo?

Lama Palden: A menudo se produce una gran división y una fractura en la sangha, pero viendo el lado positivo, si los acontecimientos traumáticos pueden volverse hacia el camino y manejarse de forma consciente y compasiva, los cambios pueden conducir a una comunidad mucho más madura, con mayor resiliencia y transparencia. Como ya se ha dicho, algunas personas no van a poder superarlo, ya sea porque no quieren o porque carecen de la capacidad para hacerlo. Por eso creo que hay que enfocarse tanto en evitar que se produzcan estas situaciones en primer lugar. Pero nuestra práctica budista consiste en convertir todas las circunstancias de la vida en el camino del bodhisattva, así que, si cada uno de nosotros es capaz de hacerlo, y si las comunidades pueden hacerlo, entonces estos traumas pueden conducir a una mayor madurez y al despertar.

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